El “Muerdequedito”, vigencia y circulación durante más de un siglo

Dra. Perla Aurora Cano Gaona

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey

Fuentes documentales

Juan de Villa Sánchez fue un fraile de la Orden de Predicadores (dominicos) que vivió en Puebla durante el siglo XVIII. Reconocido como uno de los más sobresalientes intelectuales de su época, Juan José de Eguiara y Eguren lo tuvo en alta estima y lo invitó a colaborar en su monumental obra Bibliotheca Mexicana. Fue el primero en responder a Manuel Martí, quien aseguró que «México era un lugar sin bibliotecas, sin libros, sin instituciones educativas y sin personas con deseos de aprender»,[1] en Vida de la Esclarecida virgen dulcísima esposa de N. Señor Jesu Christo Santa Inés de Monte-Policiano (1744). Su réplica es cuidadosamente analizada por Claudia Comes Peña en su disertación doctoral Las respuestas americanas a Manuel Martí: Textos y contextos de una polémica (2015). Fue un gran orador, editor y prolífico escritor de obras panegíricas y hagiográficas a pesar de lo costoso que resultaba publicar en su tiempo. De la Torre Villar lo reconoce como “notable y culto dominicano angelopolitano […] a quien tanto debe la historia y la ilustración poblana”[2] y Alfonso Reyes lo califica como “un escritor tan quevedesco en verso como en prosa”.[3] Beristáin y Souza se refiere a sus trabajos en términos de “ingenio sublime, […] doctrina profunda y sólida, […] elocuencia florida y asombrosa”.[4]

Casi la totalidad de su obra se encuentra en la Biblioteca Cervantina del Tecnológico de Monterrey. Tanto el texto antes citado de 1744 como dos de sus libros más representativos Puebla sagrada y profana. Informe dado a su muy ilustre ayuntamiento el año de 1746, por el cual se le reconoce como erudito historiador del que contamos con ediciones modernas, y Rosario mental, discursos y consideraciones sobre loscinco misterios dolorosos, Que en otras tantas pláticas, en los quincedías sucesivos a la Festividad del Santísimo Rosario dispuso y después añadió El M.R.P. Mro. F. Juan de Villa Sánchez (1764), que en su tiempo fue varias veces impreso, forman parte del acervo de la Colección Conde-Zambrano.[5]

El breve perfil esbozado en las líneas anteriores es importante para reconocer la figura de Villa Sánchez y entonces quizá cuestionarnos sobre el documento que aquí nos ocupa, Muerdequedito: un manuscrito satírico que condena una práctica de corrupción hacia dentro de la Orden de Predicadores de la provincia de Puebla y que circuló durante más de un siglo (según las evidencias con las que contamos). La Biblioteca Cervantina posee en sus archivos –bajo doble llave– un ejemplar de 78 fojas manuscritas y encuadernadas en perfecto estado de conservación. Digitalizado para fines de mi investigación doctoral, trabajé con el Muerdequedito durante tres años para fijar el texto y hacer una edición de rescate según los criterios que establece Alejandro Higashi en su libro Perfiles para una ecdótica nacional[6] y que presenté en noviembre del 2015 para la obtención de mi grado académico. Hasta ese entonces no existía ningún estudio relacionado con este documento. Posteriormente, en 2016, Arnulfo Herrera y Flora Elena Sánchez publicaron una edición basada en el ejemplar que resguarda el Fondo Reservado de la UNAM.[7]

El trabajo de paleografía y estudio de fuentes bibliográficas exigió la consulta de acervos en México y el extranjero. Fue así como tuve acceso a más ejemplares que le dieron otra dimensión a mi trabajo y que me permitieron descubrir la existencia de otros manuscritos de Muerdequedito. En el Fondo Reservado de la UNAM me proporcionaron una copia digitalizada del ejemplar que ellos conservan; está encuadernado en un tomo llamado Borradores de Cabrera[8] proveniente de la colección privada del bibliófilo Cayetano Cabrera y consta de 66 fojas. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos me hizo llegar la digitalización de su ejemplar proveniente de la colección del austriaco Hans Peter Krauss; son 300 fojas.

Tenemos noticias de otros ejemplares aunque no evidencia. El historiador estadounidense Ernest Richard Moore, en su artículo de 1943 “Adiciones a la biblioteca de Beristáin” publicado en la revista Divulgación histórica (ejemplar disponible en la Colección Bernal de la Biblioteca Cervantina), dice haber comprado un ejemplar perteneciente a la colección de Thomas Phillips[9] en una librería de California.

En el Archivo General de la Nación existen dos denuncias de nuestro interés, una referente a Villa Sánchez y otra a Muerdequedito. Ninguna de las dos tuvo consecuencias que estén documentadas.

La denuncia contra el Muerdequedito[10] estaba traspapelada en un volumen de más de doscientas fojas, aunque están marcadas como 170-172; en realidad se encuentra en las fojas 340-342 y está fechada el 21 de octubre de 1790, treinta años después de la muerte de su autor. La sección del volumen es la de Libros Prohibidos y dice: «En obedecimiento del Superior Prior remito una caja con los libros de la historia eclesiástica de Abrege, dos ejemplares del Muerde quedito y un tomo de Fr. Gerundio. Hasta ahora no se había proporcionado sujeto que los llevara y por esto no los había remitido». Lamentablemente los ejemplares que se mencionan no están incluidos en el volumen. Pertenecían a la biblioteca de un particular, don Manuel Zapata, cuyo albacea entregó los documentos después de su muerte.

El Muerdequedito no fue un texto que podía gozar de las mieles de la impresión y publicación. No sólo era subversivo en su contenido sino en su forma, la sátira como forma de escritura marginal, desde el entorno institucional, no podría ser considerada por la imprenta. El peligro que suponía la Santa Inquisición era latente. Por eso la importancia de la circulación que tuvo en forma manuscrita.

¿Cómo pudo circular el Muerdequedito durante más de un siglo antes de ser impreso sin que su autor fuera sujeto de intrigas o acusaciones? ¿Cómo sabemos que Villa Sánchez fue el autor con tanta certeza, si los manuscritos que han llegado hasta nuestras manos y aquellos que se mencionan en algunos libros no están firmados por él, sino por su pseudónimo Muerdequedito? Es posible que Villa Sánchez no sólo gozara del afecto de sus lectores sino que formara parte de un círculo social que conocía bien su trabajo y sus sentires.

A pesar de que no hay denuncias documentadas contra el texto en vida de Villa Sánchez, la única impresión conocida vería la luz en 1832, solamente una vez consumada la Independencia de México. Pero, ¿a quién interesaría sacar a la luz este documento, más de un siglo después de su aparición?

Carlos María de Bustamante era el editor de la revista La Marimba, y a él debemos la única aparición de Muerdequedito en las imprentas mexicanas. No resulta una sorpresa que haya sido él precisamente, un licenciado católico oaxaqueño nacido en 1794 (Florescano 300), gran admirador del trabajo intelectual de los jesuitas y letrados criollos, periodista apasionado cuyo círculo social se distinguía por estar formado por intelectuales y estudiosos. Fue gran admirador de los movimientos rebeldes que culminarían en la consumación de la independencia de nuestro país. Entre muchas de sus obras periodísticas destaca el Diario histórico (puede consultarse en la Colección Bernal), que según indica Enrique Florescano era un «torrente de páginas manuscritas». La Universidad de Syracusa guarda los archivos del historiador Ernest Richard Moore[11] entre los que se encuentran una gran colección de documentos manuscritos pertenecientes a Carlos María de Bustamante, de quien Moore planeaba publicar un volumen, pero fue sorprendido por la muerte a temprana edad. Las de Diario histórico son narraciones que tienen que ver con los movimientos independentistas de nuestro país, pero nuestro mayor interés radica en lo que señala Florescano:

Las obras de Bustamante prolongan las ideas indigenistas caras a Servando Teresa de Mier. Exaltan la antigüedad azteca y difunden la tesis de la nación indígena esclavizada por los españoles y luego liberada por los insurgentes, que de esta manera vienen a ser los herederos de Cuauhtémoc [. . . ]. Bustamante fue también un precursor en la tarea que más tarde ocupó el esfuerzo de varias generaciones de eruditos: el rescate y la edición de las obras de los misioneros y otros autores laicos no publicados por el gobierno español. Los mismos libros que leía sobre el México antiguo y su acceso a los archivos le revelaron la existencia de un número considerable de textos inéditos, y desde entonces y hasta su muerte comprometió sus escasos recursos en publicarlos, a tal punto que se convirtió en el mayor editor de obras históricas de su época (Florescano 303).

Así llegó a la imprenta de Alejandro Valdés nuestro manuscrito de estudio; Bustamante fue apasionado editor para rescatar documentos. Sobre él escribió profusamente Roberto Castelán en su libro La fuerza de la palabra impresa: Carlos María de Bustamante y el discurso de la Modernidad, 1805-1827 (1997).

La Marimba, publicada por Bustamante e impresa por Alejandro Valdés vio la luz en 1832. En el volumen titulado Publicaciones mexicanas del siglo XIX: (1822-1855),[12] Castro y Curiel establecen que la revista tuvo 28 números:

La frecuencia y el número de páginas son irregulares, aunque la mayoría de los ejemplares constan de 112 páginas. Como material complementario presenta dos suplementos, el primero, de fecha sábado 25 de febrero de 1832, se titula “El Muerde-quedito”. Papel joco-serio, satírico y moral en que en ambos estilos se alaban algunas virtudes, y se condenan algunos defectos, sin denigrar la fama de los sujetos que en él se mencionan. Su materia y división, dos capítulos (Castro 248).

El Fondo Antiguo de la Hemeroteca Nacional no cuenta con la versión completa del suplemento en cuestión; existe una versión parcial en Borradores de Cabrera del Fondo Reservado. Y aunque no se conocen versiones completas en otras bibliotecas, por fortuna la Biblioteca Cervantina del Tecnológico de Monterrey guarda un ejemplar íntegro proveniente de la Colección Bernal, y ha sido de gran utilidad en el cotejo de manuscritos para el trabajo de edición del manuscrito que nos ocupa.

En su edición de Muerdequedito, Bustamante añade una presentación que es la que hemos incluido en la cita de arriba; contiene algunas notas a pie de página para aclarar algunos nombres, aunque a veces las citas son en latín. Alguna nota incluye su opinión, como la parte en la que el manuscrito alude a la fecha del evento que relata, 1714, y Bustamante anota: “Es fecha bien antigua, y por tanto no podrán darse por ofendidos en que se publiquen los padres actuales” (Villa Sánchez, 1832, 4).

Es esta publicación en La Marimba la que alarga la vida de Muerdequedito hasta mediados del siglo XIX y Richard Moore asegura que es una transcripción proveniente de un manuscrito de Tehuacán, Puebla. Las tres copias de los manuscritos que pudimos obtener son nuestra oportunidad de continuar el estudio y adentrarnos en las entrañas de una época que ofrece mucho para estudiar. Mi edición de rescate pretende ser un nuevo aliento en la continuidad de lo que todavía está por descubrirse de este texto inagotable.

Bibliografía

Beristáin, José, Biblioteca Hispanoamericana Septentrional, México, Oficina de Alejandro Valdés, 1819.

Castelán Rueda, Roberto, La fuerza de la palabra impresa: Carlos María de Bustamante y el discurso de la modernidad, 1805-1827, México, D.F., FCE, Universidad de Guadalajara, 1997.

Castro, Miguel Ángel y Guadalupe Curiel, Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX, 1822-1855, Fondo Antiguo de la Hemeroteca Nacional y Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México, México, UNAM, 2000.

Eguiara y Eguren, Juan José, Bibliotheca Mexicana, Tomo I, ed. Ernesto de la Torre Villar, México, UNAM, 1986.

Florescano, Enrique, Historia de las historias de la nación mexicana, México, FCE, 2002.

Higashi, Alejandro, Perfiles para una ecdótica nacional, Crítica textual de obras mexicanas de los siglos XIX y XX, México, UNAM / UAM, 2013.

Moore, Ernest Richard, «Adiciones a la biblioteca de Beristáin», Divulgación histórica, 8, 1943, pp. 415-425.

Reyes, Alfonso, Nueva España, México, FCE, 2008.

Tanck de Estrada, Dorothy, «El rector desterrado. El surgimiento y la caída de Antonio López Portillo, 1730-1780», en Permanencia y cambio: universidades hispánicas 1551-2001, eds. E. González y L. Pérez, UNAM, 2005, pp. 181-195.

Villa Sánchez, Fray Juan de, Muerde Quedito, Puebla, Biblioteca Cervantina, Tecnológico de Monterrey, 1714. Ms.

—, «El Muerde Quedito», La Marimba, ed. Carlos María de Bustamante, México, Alejandro Valdés, 1832.

Notas

[1] Tanck, 2005, p. 182.

[2] Eguiara y Eguren, Bibliotheca Mexicana, p. cccxv.

[3] Reyes, 2008, p. 136.

[4] Beristáin, Bibliotheca Hispanoamericana Septentrional, vol. 2p. 148.

[5] “Es una valiosísima colección sobre historia de México con más de cinco mil títulos que abarcan tres siglos; la complementan más de tres mil quinientas fotografías atesoradas en álbumes que muestran la vida familiar y social del siglo XIX”, Patrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey, Colección Conde-Zambrano, sitio electrónico.

[6] “Es la edición que procura la conservación de nuestro acervo literario que previamente no ha obtenido la atención crítica o editorial […] Se trata de obras que, por otra parte, rara vez reciben atención desde la perspectiva de la Crítica textual, debido a su condición marginal” (Higashi, 2013, p.320).

[7] De la Villa y Sánchez, Juan. El Muerdequedito. Arnulfo Herrera y Flora Elena Sánchez (eds.). Madrid, Iberoamericana, 2016.

[8] Biblioteca Nacional, Fondo Reservado, MS MS .29.

[9] Sir Thomas Philips «considerado el mayor coleccionista privado de manuscritos del mundo, fue poseedor de 60,000 manuscritos reunidos durante sus viajes por el continente» (Fernández, 2002, p. 50).

[10] Denuncia que hace el comisario de Querétaro D. José de Arce y Lamas de unos libros de la historia eclesiástica de Abregue. Dos ejemplares del Muerdequedito y un tomo de Fr. Gerundio, los que remite a este tribunal de México. Qro. 1790. Inquisición, Vol. 1307, Exp. 20, Fojas 170-172.

[11] Ernest Moore Papers, University Achives, Syracuse University Libraries.

[12] Castro, 2000.

 

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