La Intriga | Por Angélica Oliver Pesqueira y Alejandra Gómez Morin Fuentes

Al concluir el periodo revolucionario de 1920, jóvenes como Manuel Gómez Morin llegaron a la arena política y económica de México y quedaron indisolublemente unidos a la historia financiera de México del siglo XX. El Centro Cultural presenta una muestra de la documentación del archivo relacionada con la gestión de Gómez Morin al frente de la Agencia Financiera de México en Nueva York.

Entre 1920 y 1922, Salvador Alvarado y Adolfo de la Huerta, secretarios de Hacienda respectivamente, invitaron a Gómez Morin a trabajar en la Secretaría donde desempeñó varios cargos. En 1921, a la edad de 24 años, fue Subsecretario y poco después Agente Financiero de México en Nueva York, fue ahí donde Gómez Morin inició su experiencia en el campo de las finanzas. La misión consistió en negociar la deuda mexicana con los bancos norteamericanos, para “canjearla” por la deuda de las petroleras norteamericanas con México. El plan era lograr que los petroleros pagaran el impuesto de exportación del petróleo, comprando bonos de la deuda externa mexicana.

Gómez Morin, víctima de su juventud, fue peón dentro de un doble juego lleno de intrigas y deslealtades, el joven se enfrentaba, por un lado, a los grandes gigantes de la economía norteamericana, y por el otro, a la presión del secretario Adolfo de la Huerta que lo urgía para conseguir el cumplimiento del tratado mediante el pago del impuesto petrolero.

La situación para México no podía ser más desfavorable; el petróleo mexicano en manos de los norteamericanos; México, el segundo productor mundial de petróleo, sin tener acceso a las ganancias que se producían y el presidente Obregón, sin el indispensable reconocimiento del gobierno estadounidense. En junio de 1921, el Presidente decretó el nuevo impuesto sobre exportación; las empresas petroleras norteamericanas protestaron alegando que el decreto y sus leyes eran confiscatorios. El gobierno mexicano insistió en que no, lo que se perseguía era el pago del impuesto al hidrocarburo, mediante la compra de bonos de la deuda que tenía el país con los banqueros norteamericanos. México argumentaba a las compañías que las condiciones eran inmejorables para ellos, pues si compraban los bonos antes del 3 de diciembre de 1921 tendrían el 60 por ciento de descuento. Además de que se les aseguraba, que el Artículo 27 constitucional no tendría efecto retroactivo.

En agosto de 1921 llegó a México Thomas W. Lamont, director de la casa bancaria J.P. Morgan, en representación del grupo de los cinco bancos acreedores los “big five”, para encabezar estas negociaciones con el gobierno mexicano representado por el secretario Adolfo de la Huerta. El 3 de septiembre firmaron un convenio (Tratado De la Huerta- Lamont) para el pago de los impuestos a México. La cláusula 6° del convenio estipulaba las condiciones de compra para los petroleros de bonos de la deuda mexicana a los bancos norteamericanos a precio preferencial (60% de descuento), siempre y cuando esta compra se realizara antes del 3 de diciembre. Se pensó entonces que tanto los banqueros como los petroleros habían llegado a un acuerdo con el gobierno mexicano, pero no fue así. El propio Lamont hizo que las negociaciones fracasaran al considerar que la cláusula 6° era imposible de cumplir porque los bonos mexicanos estaban muy deteriorados, les representaban pocas ganancias y sobre todo, se negaban a perder la hegemonía dentro del negocio del petróleo y por supuesto, tampoco pagar el impuesto de exportación.

Durante las negociaciones, Manuel Gómez Morin se sintió solo y desesperado, telegramas en clave y correspondencia iban y venían constantemente de México a Nueva York entre De la Huerta, el personal de la Secretaría de Hacienda y Gómez Morin. El secretario presionaba a Gómez Morin para lograr el cumplimiento del convenio en los términos pactados, mientras que Gómez Morin solicitaba autorización e información, que no recibía para negociar las exigencias de los estadounidenses, sin saberlo la correspondencia en clave de la Agencia era objeto de espionaje. La tensión y la ambigüedad es patente en los telegramas, Gómez Morín no logró recibir órdenes claras por parte del Secretario, así que, desautorizado y decepcionado regresó a México en julio de 1922 sin haber podido lograr su cometido.

De la Huerta fue a Nueva York para negociar directamente con Lamont. Los banqueros obtuvieron los bonos de la deuda a precio nominal, pese a que su valor era mucho más bajo, con lo cual México ni siquiera logró la mínima ganancia que pretendía, mientras que a costa del pago del impuesto, el presidente Obregón obtuvo el indispensable reconocimiento del gobierno norteamericano. Ni los banqueros, ni los petroleros norteamericanos pagaron.

La dirección de la página del Centro Cultural Manuel Gómez Morin http://bit.ly/101sxcD

Telegrama Adolfo de la Huerta a Manuel Gómez Morin | 1 de diciembre de 1921 | Centro Cultural Manuel Gómez Morin.

Telegrama 24 de Manuel Gómez Morin a Adolfo de la Huerta en clave y su traducción | Centro Cultural Manuel Gómez Morin.

Carta de Adolfo de la Huerta a Manuel Gómez Morin | 3 de enero de 1922 | Centro Cultural Manuel Gómez Morin.

Carta de Manuel Gómez Morin a Adolfo de la Huerta | 13 de enero de 1922 | Centro Cultural Manuel Gómez Morin.

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