Microcosmos sagrado en las alegorías del Sagrado Corazón de Jesús, Primera Parte

Araceli Villarreal Vallín
Alfonso Miranda Márquez
Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim

Quisiera que me arrancaran el corazón del pecho, que lo hicieran mil pedazos y lo pusieran en un brasero ardiente para que Vuestra morada fuera menos indigna.

Santa Gertrudis, La Magna

Corazón, concepto más que palabra, que en sí mismo conlleva la tradición de la humanidad. Del latín cor, es quien hace surgir todo el conocimiento; representa lo oculto, lo que está adentro y además es fuente de vida. En sánscrito hird (la «h» tiene sonido de «k»), es interesante que en lenguas indoeuropeas «ciervo» se diga hirt o Heort, cuyo significado es «saltador».

De ahí al inglés heart o al alemán Hertz, sólo hay un paso. Por lo tanto, como refiere Hans Biederman en su Diccionario de símbolos, corazón también es «el saltador» o «el que salta en el pecho». Órgano central de la circulación de la sangre. Símbolo de fuerza y del amor, se dice que las pasiones se encierran en un corazón…

Es quien da ritmo a la vida y sólo se para con ella. René Guénon afirmó: el corazón del simbolismo se halla en el simbolismo del corazón. Contiene la parte humana (órgano vital) y la parte sensorial, donde radican las emociones. Los indígenas tzeltales de los Altos de Chiapas, para decir «te amo», utilizan la emotiva frase: «me dueles en el corazón».

Anónimo Milagro en forma de Sagrado Corazón c 1730-1770 Plata repujada y cincelada

En el mundo cristiano, su imaginario bebe de civilizaciones milenarias. Los egipcios lo consideraban sede de la inteligencia, de la voluntad y de los sentimientos. En el brahmanismo, las cápsulas de las semillas representaban el «corazón del loto» al que Siddharta Gautama Sakyamuni, Buda, le atribuía la pureza, belleza y la perfección coincidentes con los absolutos. La primera letra de alfabeto hebreo, « א» [álef], significa precisamente «corazón». El Islam lo ve envuelto en varias capas como asiento físico de espiritualidad y contemplación.

En el mundo mesoamericano era considerado el órgano más importante del cuerpo, único punto capaz de evidenciar a la divinidad. La cosmología mexica ligada a la dualidad se refleja en el vocablo «yoltéotl» [dios en el corazón], que era el ideal supremo del sabio y del artista, así como el concepto ixtli in yólotl, «cara» o símbolo del pronombre «yo», que puede leerse como «mi rostro» y «corazón», pues la aspiración educativa era justamente el corazón firme y endiosado.

En la Biblia, el corazón es «la persona en el interior», pues mientras los hombres miramos a los ojos, Dios mira al corazón (1 de Samuel, 16:7). A partir de la Alta Edad Media, el corazón se romantizó en la poesía amorosa, como aquel Corazón encendido de amor de René de Anjou. Con el paso del tiempo, la estilización lo aprehendió y el arte lo plasmó en su borde superior en forma de henchidos senos de mujer, por lo que se le asoció con el amor terreno, aunque también con el amor místico celestial: un seno representaría el mundo y el otro, el infinito cosmos. De ahí que se muestre enardecido, pues los pecados de la carne son consumidos por el fuego del Espíritu Santo.

De tal forma, el Sagrado Corazón da a las grandes verdades bíblicas el culto y la devoción personal que forma parte de la esencia de la piedad cristiana.

Sin embargo, su núcleo no tiene un lenguaje en sí mismo, pues es superior a cualquier palabra. Son verdades inefables, místicas, altísimas, que sólo quien las contempla silencioso y con el fuego del amor que arde en sus entrañas, es digno merecedor de su profundización.

Su auge devocional se dio en el Barroco y es símbolo de pasión, fe y amor puro.

Desde los primeros siglos y al seguir el ejemplo de los evangelistas Marcos y Juan, ha sido costumbre meditar sobre la herida que Longinos provocó en el costado abierto del Hijo del Hombre en la cruz. La lanza tocó su corazón, del que manaron sangre y agua, de los que nació la Iglesia, como lo escribió san Ambrosio de Milán en Expositio Evangelii secundum Lucam (2, 85-89). De los primeros diez siglos de la Era cristiana no existen testimonios del culto al Corazón herido.

Anónimo Alegoría de la Preciosa Sangre de Cristo c 1750 Óleo sobre tela

La primera referencia al corazón inflamado la tiene san Agustín, obispo de Hipona, en Ciudad de Dios, en donde habla del fuego que arde, espíritu de vida. No obstante, fue hasta los siglos XI y XII cuando se manifestó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el ambiente de fervor de los monasterios benedictinos, gracias al pensamiento de los santos Anselmo y Bernardo de Claraval. Algunos investigadores como Felipe Alonso encontraron su origen hacia fines del siglo XIII y principios del XIV con santa Matilde y en la visión de santa Gertrudis la Magna, en la fiesta de san Juan Evangelista.

Fue una devoción individual de carácter místico y en las hagiografías abundan testimonios de diferentes congregaciones religiosas como franciscanos, dominicos, jesuitas y cartujos.


Anónimo novohispano Alegoría del Sagrado Corazón de Jesús c 1750 Plata dorada repujada y Cincelada

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