Juan Moctezuma Cortés, párroco de Zongolica y guerrillero insurgente 1812

“Juan Moctezuma Cortés era cura de Zongolica, Ver., en 1810, y fue el guerrillero insurgente que en las inmediaciones de Orizaba, sublevó la gente de su curato y con él fueron a reunirse varios vecinos de Orizaba, poniéndose en comunicación con Rosains”. Los historiadores no se ponen de acuerdo para poder dictaminar si este sacerdote, era en verdad descendiente de Moctezuma y emparentado también con Cortés, como él sostenía.

El Cura de Zongolica pudo apoderarse con cierta facilidad de la plaza de Orizaba el 28 de mayo de 1812, porque al coronel José Manuel Panes que la custodiaba no le llegaron los refuerzos que esperaba. El coronel tuvo que ir a refugiarse en el convento del Carmen1 con los trescientos cincuenta hombres que le quedaban. Panes, a pesar de estar rodeado por los insurgentes pudo salir con su tropa y todos los demás españoles, incluidos los Carmelitas, con rumbo a Córdoba, para allá resguardarse.

La razón por la que sacamos a colación este episodio de la Guerra de Independencia, es porque, el citado Juan Moctezuma Cortés, escribió una carta a Fray Juan Bustamante Bestard, seguramente entonces superior del convento franciscano llamado Colegio Apostólico de Propaganda Fide de San José de Gracia de Orizaba, para convencerlo de que se sumara a las fuerzas insurgentes que entonces se levantaban y responder además a la ayuda que solicitaba Fray Juan Bustamante.

Hemos de añadir que el convento franciscano de San José de Gracia, todavía estaba en construcción debido al plano de Manuel Tolsá, y que habían comenzado a levantar en 1801, y era sede de los franciscanos que evangelizaban la región2.

Juan Moctezuma responde a una carta anterior (que no conocemos) enviada por Fray Juan Bustamante, en que parece que solicitaba ganado menor de la hacienda de San Gregorio, propiedad de Don Fernando Alfaro3, pero que estaba en manos de los insurgentes. Moctezuma dice que no puede permitir que trasladen carneros, pues los que los condujeran perecerían sin duda a manos del gobierno español. En cambio, él si daría seguridad de que no los atacarían los insurgentes y la gente a su mando. El cura de Zongolica añade además que esos bienes (la hacienda y lo que contiene) pertenecen “por derecho de conquista a nuestras armas” (de los insurgentes). Moctezuma luego añade: “por tanto los carneros y cuanto V. R. quiera, irán a Orizaba en este caso, especialmente para sacerdotes hermanos míos tan recomendados por mi general4 y tan acreedores por su instituto a la piedad y al afecto que siempre hemos profesado los Americanos a estos obreros de la fee” (sic)

El escrito de Juan Moctezuma consta de dos fojas, escritas con una tinta un poco desleída, donde se firma como Comandante de la Séptima División y fue escrita el 27 de abril de 1812.

La respuesta de Fray Juan Bustamante está fechada el 28 de abril de 1812 en el Colegio de San José de Gracia de Orizaba y consta de ocho fojas en cuarto, mucho más larga que las que escribe el cura de Zongolica Juan Moctezuma Cortés, y entre otras cosas dice que: cinco veces ha atravesado el océano para ir a traer religiosos ejemplares que evangelizaran a México y se vio en peligro por la invasión napoleónica en España (1808), y todo por ayudar a los señores curas a cuidar de sus amadas ovejas.

Dice que él, Fray Juan Bustamante, nada puede hacer para detener la barbarie y solo puede “pedir a Dios, como lo hacía en otro tiempo San Agustín, acelere mis días antes de ser testigo de la destrucción de este mi amado pueblo y de la catástrofe que me anuncia en la suya (su carta)”5. Fray Juan Bustamante le ruega al cura de Zongolica, que en sus manos estaría detener el derramamiento de sangre si quisiera convencer a esos jefes de su división “que no era este el tiempo de levantarse y que aunque hubiera llegado este tiempo fatal, no debían haberse adoptado unas máximas que no pueden proporcionar sino la ruina de este reino y hacer caer a los culpables en manos de Dios vivo”.

El P. Juan Bustamante aprovecha la carta para enumerar a varios personajes europeos, seguramente de la región, que habían hecho el bien: “Don Juan de Cora, el P. Abalos (sic), Don Benito Rocha, Don Juan Bibanco (sic) y otros muchos europeos que no han pensado más que en acrecentarle su esplendor”. Enumera también a unos criollos honrados quales (sic) fueron Don Rafael Vázquez Ruiz, Don Francisco Arriola y otros muchos que los insurgentes hallaron indefensos en sus casas y sin pensar tomar las armas”, y que sin embargo murieron a manos de los insurgentes.

El Padre Bustamante termina la carta diciendo “Dios me conceda el grande consuelo de hacerme ministro de la reconciliación de mi amado tocallo (sic) y de restablecer por su medio la paz y felicidad de este reino”.

Sabemos que Juan Moctezuma y Cortés, cura de Zongolica, no contaba con dotes militares, pero sí alcanzaba cierta ascendencia con los soldados debido, principalmente, a sus peroraciones de gran fervor patriótico. Este insurgente en el mes de febrero de 1815 fue designado comisario de Tehuacán, si bien su actuación duró muy poco, falleciendo a mediados del año mencionado, siendo sepultado, con gran pompa militar, en la iglesia de San Francisco de Tehuacán bajo el altar de N. S. de la Luz.

Todavía conocemos otra intervención de Fr. Juan Bustamante Bestard, pues Don Ciriaco del Llano comandante de Puebla, se encaminaba con un convoy a Veracruz, y sabedor de la caída de Orizaba, dejó el convoy en la retaguardia al mando de coronel José Antonio Andrade y él se encaminó a ayudar al coronel Panes. Logró llegar a Orizaba y se disponía a entrar con su caballería por los cuatro costados de la población para diezmarla, pero gracias, otra vez, a la intervención de fray Juan Bautista Bestard, superior del convento franciscano , don Ciriaco del Llano, tomó la población sin castigarla, como pretendía.

No sabemos cuál sería el fin del P. Bustamante, interlocutor del cura de Zongolica y salvador del pueblo de Orizaba, y entonces encargado del Colegio Apostólico de San José de Gracia de Orizaba, Veracruz.

Apoyos bibliográficos

Copia de la carta del cura de Zongolica D. Juan Moctezuma y Cortés, guerrillero insurgente, a Fr. Juan Bustamante Bestard, partidario de los realistas. ‑Copia de la contestación de éste último. Los dos exponen sus puntos de vista y sus esperanzas en la suerte de la Guerra de Independencia. Bustamante trata de persuadir al Cura a que deponga las armas. Zongolica (?) – Orizaba 1812, Cuadernillo de 20 páginas 22 x 16 cm en el Archivo histórico de los Carmelitas Descalzos de México. Está catalogado en Manuscritos No. 600, (San Joaquín, Tacuba, ocd. De México).

Art. José de Jesús Orozco, ocd., Los Carmelitas fundan en Orizaba, 1733, 13 p.

José María Miquel i Vergés, Diccionario de Insurgentes, México, Porrúa, 2ª ed., LUCAS ALAMÁN.- Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente. Ciudad de México, 1850. Tomo III, 226, 1980.

Noticia periodística: “Realizan rescate del ex Convento de San José, utilizado por los frailes para evangelizar”. Jéssica Ignot O. /El Mundo de Orizaba, México 22 de septiembre, 2008

1 Los carmelitas llegaron a Orizaba en 1733. El hospicio estaba situado en la calle san Rafael número 23 y el superior era Fray Blas de san Ambrosio; los frailes prestaban ayuda al párroco en la cura de almas, como entonces se decía. Esos hospicios solían tener 3 o cuatro religiosos y eran un primer acercamiento a la población a donde luego fundarían formalmente.

2 El convento de San José de Gracia lo terminaron los franciscanos hasta 1825, pues prácticamente los trabajos comenzaron hasta 1803, aunque la primera piedra se puso en 1801.

3 El 14 de febrero de 1807, la hacienda de cabras de San Gerónimo y anexos pasan a ser propiedad de don Fernando Alfaro. En Zongolica: las marquesas de Selva Nevada y las luchas agrarias durante la Colonia de Gonzalo Aguirre Beltrán.

4 Se refiere a José María Morelos, pues el ejército de Orizaba, dice Juan Moctezuma, “depende absolutamente del ejército grande de Cuautla”

5 Posiblemente se refiera a que San Agustín que estaba muriendo en su obispado de Hipona, en el norte de África, en el año 430 cuando entraban a esa región los vándalos

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