El pasado en el presente “Viajes de Humboldt en México”

Industrias Peñoles cuenta con gran variedad de libros relacionados a la minería, uno de sus libros antiguos en particular enamora la calidez de como su escritor alemán Alexander Von Humboldt, sabio que no solamente con su inteligencia arranco el velo de México para la ciencia, sino también con su corazón siguió con interés el desarrollo del pueblo mexicano donde exploró y describió cada historia de los estados que visito de nuestro país en temas de botánica, geografía y minería. Los escritos fueron traducidos en español y se publicó el libro durante las fiestas de celebración de la Independencia de México en 1910 con motivo de la inauguración de la estatua a la memoria de Alejandro Von Humboldt.

 

Estatua inaugurada en las fiestas patrias de 1910

La historia de la minería en México, acerca de la cual nos presenta Alexander Von Humboldt una serie de datos interesantes en su “Essai Politique,” comienza inmediatamente después de la Conquista, habiendo sido Cortés quien en el año de 1522 abriera el primer socavón del Rey, en las cercanías de Taxco-Tehuilotepec, en el Estado de Guerrero. Lo que atrajo a los españoles a la explotación minera de la Nueva España, fueron las grandes cantidades de oro que habían encontrado en la antigua Tenoxtitlán, no solamente en posesión de los príncipes y magnates aztecas, sino en los templos.

Y era el oro lo que buscaban principalmente los primeros conquistadores venidos en busca de fortuna, y mecidos en la ilusión del deslumbrante metal amarillo, olvidaron estos precursores de la raza blanca, toda clase de peligros y toda suerte de penalidades al tratarse del objeto principal de su codicia.

Y obsérvese que esta avidez de oro fue el origen de que se extendiera la conquista por los inmensos territorios de América, que, por esta misma avidez, deberían perderse.

“Auri rápida sitis a cultura Hispanos divertit.” Estas palabras de Pedro Martyr revelaban a las claras los designios de los conquistadores.

El oro que a raíz de la conquista vino a manos de los conquistadores, provenía de placeres auríferos y no de minas propiamente dichas. El mismo Cortés recibió en calidad de obsequio, de Moctezuma Xocoyotzin, una porción de oro nativo por valor de unos $162,000.00, de la cual había de entregarse una quinta parte a la Corona de España, según los datos que particularmente nos da Humboldt. (Según dice Bernal Díaz del Castillo, la cantidad fue mayor).

Es probable que, además del oro, los indígenas antiguos conocían también la plata, a la que llamaban “iztac-teoquitlatl”, mientras que al oro le aplicaban el nombre de “teoquitlatl”. Estos dos términos, que para el europeo resultaban algo extraños, significaban “excremento de los dioses”, amarillo y blanco respectivamente, demostrándonos esto que los propios indígenas conocían tales metales únicamente en estado puro.

La plata existía en muy pocas cantidades y quizá la palabra “iztac-teocuitlatl” se ha originado hasta después de conocerse en Nueva España la plata española.

Los mismos indígenas conocían el cobre, en azteca “tepuchtli”, metal que usaban en la fabricación de sus armas, implementos, objetos de adorno e idolillos. Tenían especial habilidad en endurecer el metal rojo para fines especiales, amartillándolo: y es indudable que les era conocido el procedimiento de fundición y hasta el de liga con el estaño. Los aztecas habían traído tanto el plomo como el estaño de Taxco (Guerrero) e Ixmiquilpan (Hidalgo), esto no resulta exacto. Tampoco es exacto aquello de que el mencionado cobre había sido traído en estado puro de los grandes lagos norteamericanos y América Central a cambio de mercancía o que provenía de las minas mexicanas de Zacatollan y Cohuixco. El laborío o explotación de minas no era conocido de los indígenas, y por esto tiene razón el Sr. Ing. Eduardo Martínez Baca cuando dice: “la explotación de las minas fue totalmente desconocida de los aztecas, y si acaso emprendieron algunos trabajos en las vetas, fueron de muy poca profundidad”, “se limitaban, pues, a explotar el oro y la plata en los placeres o en los crestones de las vetas.”

Con la repentina llegada de los españoles a México, la cultura de los indígenas mexicanos experimentó un cambio profundo. Los conquistadores, amaestrados en su patria en los trabajos de la minería, establecían minas nuevas. A medida que progresaban en la conquista del nuevo territorio y su exploración, seguían descubriendo vetas nuevas, las que daban origen al fomento de empresas mineras.

En todas partes donde nuestro asiduo explorador, en el curso de sus múltiples estudios, pudo aprender algo acerca del pasado de las minas antiguas, no dejó de tomar debida nota de ello. Así es que le debemos noticias interesantísimas acerca de una serie de distritos mineros importantes.

Viaje al distrito minero de Pachuca

Pronto se prepara Humboldt a una expedición al célebre distrito minero de Real de Monte y de Regla (Pachuca), en el estado de Hidalgo. Ya desde el año 1551 se trabajaba ahí para explorar la plata, sobre todo en las minas visitadas por Humboldt: Xacatal y Encino. El 15 de mayo de 1803 se dirigió a Pachuca para regresar el 27 del mismo a la Ciudad de México, durando pues, solamente unos 12 días el viaje a esa región minera tan cercana a esta capital. Fuera de los estudios especiales de la minería, embargaron su atención las enormes capas de basalto en Actopan, los renombrados órganos, y las capas de obsidiana del cerro de las Navajas. De los minerales antiguos visitó Humboldt el Real de Pachuca, en el Real de Morán, la riquísima mina de la Regla, la Vizcaína, no omitiendo el sabio en todas estas partes fijar la posición geográfica. Así encontró el propio Humboldtl a altura sobre el nivel del mar de Pachuca en 2481.7 m, siendo la que arrogan observaciones posteriores la de 2450m. Luego pasó por los puntos denominados Omitlán, Atotonilco el Grande, El Oyamel, etc.

Es precisamente aquí, en México, donde se han hecho grandes comentarios sobre la tradición de los viajes del insigne explorador y sabio, mezclando entre la fantasía y la verdad el hecho con la fábula, que varios lugares de disputa el honor de haber recibido la visita del ilustre observador, y discrepando los historiadores acerca de la ruta que siguió aquél observador y aun sobre las fechas en que realizara sus visitas al país de México.

Documento que avala la inauguración de la estatua de Alexander Von Humboldt

 (Septiembre 1910)

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