Apuntes de historia – Añeja rivalidad entre Mérida y Campeche

Resulta interesante buscar en los anales de la historia, explicaciones a fenómenos sociales o situaciones que aunque suelen ser de vox populi, en realidad se desconocen los factores o razones que las crearon y para las cuales la historia casi siempre suele ofrecer respuestas.
Uno de estos fenómenos que se experimentaron en la península, fue la rivalidad entre Campeche y Mérida cuando ambas poblaciones formaban parte de una misma provincia llamada Yucatán durante la época colonial. Siglos más tarde y como consecuencia de los cambios sociopolíticos, este antagonismo se reajustaría entre campechanos y yucatecos por la fragmentación de la provincia en dos y la resultante erección de Campeche en estado libre y soberano.

En su artículo «La independencia nacional en Yucatán» (1938), Jorge Ignacio Rubio Mañé señala que esta rivalidad tiene su origen a mediados del siglo XVII por «la real disposición de Fernando VI para que en la plaza de Campeche residiera un jefe militar con el nombre de Teniente de Rey para suplir las vacancias del Capitán General. El ayuntamiento de Mérida no veía con buenos ojos que el jefe de la plaza de Campeche fuera llamado a gobernar interinamente la provincia en los casos señalados, debido a que antes la falta de gobernante era suplida por los Alcaldes de los distritos a que correspondía el Ayuntamiento» (p. 277).

Sin embargo, esta añeja enemistad se vería alimentada por nuevos acontecimientos como lo fue el rapto en 1779 del Mariscal don Benito Peréz y Valdelomar, militar de familia gallega que había sido designado para gobernar la península y cuya embarcación fue asaltada por corsarios ingleses mientras se trasladaba de Puerto Rico a su nueva encomienda en Campeche.

El capitán inglés Moore, nos dice el historiador Rubio Mañé, «pudo conocer que entre la presa estaba el futuro gobernante de Yucatán, y resuelve ir a Campeche para pedir fuerte rescate por su entrega. Frente a la bahía campechana pide al Ayuntamiento una fuerte cantidad que los regidores se rehúsan a satisfacer. Peréz se ve obligado a recurrir a un amigo suyo establecido en la plaza campechana y es entonces cuando puede recuperar la libertad, desembarcando gracias a la generosidad de un noble sentimiento de amistad» (p. 276).

Este incidente, prosigue el historiador, «hizo crear en el nuevo gobernante una mala voluntad hacia las autoridades de Campeche, que tuvo su manifestación en disponer a Sisal como otro puerto de entrada a la provincia. Disgusto esto mucho a los campechanos porque les restaba el tráfico de Mérida y Valladolid.

Este sería uno de tantos eventos que alimentarían la rivalidad entre ambas ciudades y que nuevamente se haría muy patente durante la Segunda separación de Yucatán con la disputa política entre los partidarios de Barbachano y Méndez y en la posterior erección de Campeche como estado.

Cuando pase la contingencia, ¡Te invitamos a visitar el Archivo y Biblioteca Yucatanense del Centro Cultural ProHispen! donde se resguarda el acervo de este destacado historiador, quien fue Director del Archivo General de la Nación.

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