A 500 años de la Noche Triste y el biombo de la Conquista de México (Primera Parte)

Raquel Gutiérrez Morales y Alfonso Miranda Márquez
Museo Soumaya. Fundación Carlos Slim

En el intenso intercambio cultural entre Oriente y Occidente, Nueva España constituyó un punto nodal. A través de la línea náutica que conectó Acapulco llegaban galeones desde Filipinas. Así se creó un eje comercial China-Manila-Acapulco/Navidad-Puebla o Ciudad de México. La ruta a Europa salía de Veracruz hacia Sevilla como el único puerto habilitado en España, aunque posteriormente se abrió Cádiz. Por fin se había concretado la tan ansiada ruta hacia Oriente: el primer comercio de carácter global.

Entre los muebles de factura asiática de los que se tiene noticia que llegaron al Nuevo Mundo, se encuentran las sillas de caderas, también conocidas como de «tijeras» o «de camino», y de tradición nipona con antecedentes chinos, las hojas de papel o tela finamente decoradas, montadas en sencillos bastidores y articulados con bisagras, que de una o dos caras, fungían como divisor del espacio: los biombos. La voz japonesa 屏風, byōbu-byō, literal y metafóricamente: «viento detenido». El objeto separa y recoge la habitación; enmarca y da intimidad. En 1586 –refiere el investigador Gustavo Curiel– fueron llevados desde Cipango dos de estos prácticos y novedosos aparatos, como regalo al rey Felipe II de España, por una delegación de embajadores que encabezaba el jesuita Diego de Mésquita. Así, Europa conoció tan peculiar y bello mobiliario.

Pronto encontraron una amplia difusión en el ajuar doméstico. David Warren sostiene que los primeros biombos fabricados en Nueva España mantuvieron características estilísticas y formas provenientes de la fuente oriental original. Sofía Sanabria afirma que su independencia frente a la pintura religiosa imperante en los procesos de evangelización, permiten acercarnos a uno de los pocos ámbitos de ejercicio de la pintura profana. En el mundo virreinal, los biombos se configuraron como objetos suntuosos en los que el gremio de pintores unió a imagineros y doradores.

Existieron dos tipos de muebles en los hogares de la élite criolla. Uno se trata del rodaestrado que dividía el espacio público y privado, y se disponía en el salón de estrado o salas para visitas de cumplimiento, que generalmente estaban dispuestas en el primer piso de las casas novohispanas, y que enmarcaban la visita de dignatarios. De altura no muy elevada, con diez o doce hojas, las escenas mitológicas y moralizantes convivieron con pasajes históricos. Por otra parte, los biombos de cama permitían la protección del cuerpo para que sobre todo las damas se vistieran, desvistieran y asearan con la ayuda del personal de servicio.

Biombos de la Conquista

La investigadora Elisa Vargaslugo afirma que los biombos para el estrado con el particular registro histórico de la Conquista de México, fueron promovidos por el 32o virrey, José Sarmiento y Valladares, Conde de Motēcuhzōma Xōcoyōtzin y de Tula, quien gobernó entre 1696 y 1701 durante el último reinado los Austrias, y en el primero despótico de Felipe V de Borbón, el Animoso.

Aunque resultan escasos, por el número de muebles conocido sabemos que se trata de un género específico que únicamente compartió tema con una técnica de origen también oriental: los tableros de madreperla o enconchados.

La investigadora Silvia Pinna, quien ha estudiado las colecciones del Museo Histórico del Castillo de Miramar en Trieste, Italia, da cuenta de seis biombos hasta ahora registrados con la gesta que originaría el orden novohispano. Todos pintados al óleo, muestran la Conquista como secuencia de escenas narrativas, pero los hay con representaciones de un personaje o que solo muestra un hecho del devenir histórico.

Tradicionalmente, los biombos expuestos en Ciudad de México habían sido el de Museo Franz Mayer, cuya última hoja fue completada en el siglo XX y el del Museo Nacional de Historia, El Castillo de Chapultepec, cuyas caras se han separado y tras una profunda restauración, hoy constituyen dos muebles diferentes.

El Banco Nacional de México recientemente ha abierto el Palacio de los Condes de Valparaíso, extraordinario espacio conocido como «de los Condes de Jaral de Berrio». Su colección cuenta con un biombo de diez hojas que ha perdido una cara y otro más que se centra en el encuentro entre Cortés y Moctecuhzoma II, atribuible a Juan Correa.

Hoy se ha sumado al corpus museal mexicano el de la colección de Vera da Costa Autrey. Inicialmente, afirma Curiel que fue propiedad de la noble familia Ginori-Lisci de la ciudad de Milán. Más tarde, el biombo regresó a México en Galerías La Granja, para luego ingresar a Galerías Louis C. Morton.

Declarado Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en diciembre de 2019 se sumó a los fondos de Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim.

También se tiene registro del de la colección de Francisco González de la Fuente. Por último, el de Miramar en Trieste, que perteneció al emperador Maximiliano de Habsurgo, firmado por el artista Pedro Villegas. Cabe señalar que no hay información sobre su adquisición, ni registro en los inventarios imperiales de 1865, 1866, 1867, ni en el posterior de 1874.

Todos presentan –en diez hojas– entre nueve y doce episodios de la gesta. En el reverso aparece la representación de una ciudad moderna: la muy noble y leal Ciudad de México, a partir de la visión de 1628 de Juan Gómez de Trasmonte, con reminiscencias orientales a partir de los biombos edo-zu que registran las urbes a vista de pájaro.

Juan Gómez de Trasmonte, arquitecto | A. Rulffoni, litógrafo | Forma y levantado de la Ciudad de México| 1628 | Impreso sobre papel coloreado a mano | Fotografía: Agustín Garza

Documentos históricos y artísticos, estos muebles recogen la tradición del encuentro de dos mundos. Relato que cumple 500 años: la Conquista de México por el capitán Hernán Cortés y sus huestes ante la defensa de la civilización mexica por el tlatoani Motēcuhzōma Xōcoyōtzin y su pueblo.

Biombo de la Conquista de México, anverso | Diez hojas | c 1683-1687 | Óleo sobre lienzo con aplicación de hoja de oro | Fotografía: Agustín Garza

Biombo de la Conquista de México, cartela

1. Casas del marqués. Retribución que hizo la corona española al conquistador Hernán Cortés, marqués del valle de Oaxaca. Hoy se ubica ahí el Nacional Monte de Piedad. En el momento de la toma de México-Tenochtitlan en realidad no existían las casas. Él se instaló en las casas de Axayacátl.

2. Tesoro de Motēcuhzōma Xōcoyōtzin. Leyenda de las riquezas mexicas. Entre las versiones de su paradero se habla de que el tesoro pudo haber sido arrojado al lago; que se ocultó en el palacio de Axayácatl; que permaneció bajo resguardo en la Alberca de Xancopinca en Azcapotzalco, o que fue llevado a Cataluña, España, por Xipaguazin, hija de Motēcuhzōma Xōcoyōtzin.

3. Bergantines que hicieron los españoles.- Vehículos que se utilizaron para la toma de México-Tenochtitlan. Los 13 zarparon el 28 de abril y avanzaron por agua y tierra —uno cayó en manos mexicas— hasta el 13 de agosto de 1521.

4. Calzada de San Antonio y entrada de Cortés. Se refiere a la antigua calzada de Iztapalapa, lo que hoy comprende la calle José María Pino Suárez, donde tuvo lugar el encuentro entre el conquistador y el tlatoani, así como su continuación en calzada de Tlalpan.

5. Calzada de Guadalupe. El Tepeyácac fue un pequeño asentamiento ubicado en el extremo sur de la Sierra de Guadalupe. Dado que el agua del lago llegaba hasta el cerro, se piensa que fue un poblado más bien de dimensiones pequeñas. Para unirlo con la isla de México se trazó una calzada de poco más de tres kilómetros que llegaba hasta Tlatelolco.

6. Noche Triste y salto de Alvarado. Huida y posterior derrota de los conquistadores a manos de los mexicas, la noche del 30 de junio de 1520. En ella tuvo lugar la hazaña de Pedro de Alvarado, lo que dio nombre a ese tramo de la antigua calzada de Tlacopan: Puente de Alvarado. Con aproximadamente 15 metros de ancho, la calzada de Tacuba comunicaba a México-Tenochtitlan con el señorío de Tlacopan. Se trató de una de las tres vías principales de la ciudad. Contaba con varios puentes levadizos, acequias y canales.

Después de la muerte de Motēcuhzōma Xōcoyōtzin, los españoles huyeron de México- Tenochtitlan cargados con todo el oro que habían hecho fundir por los orfebres de Azcapotzalco: é se hicieron unas barras muy anchas dello, como medida de tres dedos de la mano de anchor de cada una barra (Bernal Díaz del Castillo, 1632). Y fue uno de esos tejos el que vio la luz en 1981 durante una excavación; después de comparar sus valores de plata y cobre, se concluyó que son muy similares al oro recuperado en la zona del Templo Mayor, específicamente a las piezas halladas en torno al monolito de la diosa Tlaltecuhtli, lo que podría traducirse como que el oro fue fundido entre 1519 y 1520, a decir del arqueólogo Leonardo López Luján.

Biombo de la Conquista de México, anverso, detalle de la cartela | Diez hojas | c 1683-1687 | Óleo sobre lienzo con aplicación de hoja de oro | Fotografía: Agustín Garza

7. Calzada de la Piedad. Hoy avenida Cuauhtémoc.

8.El qu de la Plaza de México. Templo de Huitzilopochtli y Tláloc; hoy Museo del Templo Mayor. Teocalli = cu, vocablo maya para designar a un templo.

9. El qu de Santiago. Teocalli de la ciudad de Tlatelolco; hoy Parroquia de Santiago Apóstol.

10. El Peñol. Sitio asociado con la fundación de México- Tenochtitlan: un cerrillo que está junto a la laguna de México, donde están unas fuentes de agua caliente que hoy en el día llaman los españoles el Peñol, consignado en Crónica mexicana escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc.

11. Los volcanes. El número refiere a las elevaciones avistadas desde el centro del Valle; en tonos azulados y con fumarola, a la derecha se encuentra el Popocatépetl, que proteje al Iztaccíhuatl –en tonos blanquecinos–.

12. Casa en que murió Motēcuhzōma Xōcoyōtzin de una pedrada. Muestra una de las versiones de la muerte de Motēcuhzōma Xōcoyōtzin, noveno huey tlatoani, cuando había sido preso por los conquistadores en las casas de Axayácatl, y fue atacado al dirigirse a su pueblo; en la escena la agresión se atribuye a Cuauhtémoc, quien empuña la honda.

El investigador Eduardo Matos Moctezuma atribuye el asesinato a Pedro de Alvarado.

La muy noble y leal Ciudad de México, reverso | Diez hojas | c 1683-1687 | Óleo sobre lienzo con aplicación de hoja de oro | Fotografía: Agustín Garza

La muy noble y leal Ciudad de México

1. Catedral Metropolitana de México | Plaza de la Constitución.

Tiene como antecedente un edificio de uso religioso del que Hernán Cortés puso la primera piedra. Demolido en 1626, dio paso a la construcción del actual, cuya planta inició en 1573, a partir de los planos del arquitecto español Claudio de Arciniega.

La mayoría de las edificaciones que aparecen en su entorno inmediato han desaparecido; se trataba de viviendas que se disponían a modo de renta. Es el edificio ubicado frente a la fachada lateral, de cinco arcos y dos patios, el que nos ha ayudado a fechar la obra, ya que, a decir de Elisa Vargaslugo, fue ordenada su demolición hacia 1684 para despejar el atrio, por lo que la fecha de ejecución de este biombo podría calcularse unos años antes. El atrio contaba con un espacio mucho mayor del que actualmente conserva.

2. La Veracruz: Templo de la Santa Veracruz | Avenida Hidalgo.

El templo albergó a la Archicofradía de la Cruz, fundada por Hernán Cortés en agradecimiento a su arribo a Veracruz, que tuvo lugar el Viernes Santo de 1519. Fue la tercera parroquia en Nueva España. Concluida en 1527, tuvo tal importancia, que solo admitía a fieles de alto rango social y de elevados recursos económicos. En su interior resguarda al Cristo de los siete velos, regalo del emperador Carlos V a la cofradía.

El edificio, ubicado sobre la antigua calzada de Tacuba y vecino al barrio indígena de Santa María Cuepopan abrazó al gremio de loceros y alfareros. Sufrió severas modificaciones con el paso de los siglos; el que vemos actualmente surgió en el siglo XVIII. Una de estas edificaciones aledañas alberga en la actualidad al Museo de la Estampa. Se resintió por los sismos de 2017. En agosto de 2019 sufrió un derrumbe en una de sus alas, debido seguramente al pobre mantenimiento que su estructura ha recibido.

3. Parroquia de Santa Catarina | República de Brasil, Lagunilla.

4. Templo de Santo Domingo | Belisario Domínguez.

Los dominicos fueron la segunda orden en arribar a Nueva España en 1526. En estos terrenos, entre 1527 y 1530, edificaron un primer templo sencillo. Desde entonces presenta problemas de hundimientos. Se reconstruyó hacia 1550; tras inundaciones y anegaciones, en el siglo XVIII fue demolido para edificar el conjunto en estilo Barroco, que le dio el recubrimiento de tezontle y cantera por el arquitecto Pedro de Arrieta.

Segundo en tamaño e importancia en Nueva España, contaba con dos claustros y varias capillas. En 1861, con la desamortización de los bienes eclesiásticos, se inició su destrucción. La desaparición de la Capilla del Rosario dio lugar a la apertura de la calle de Leandro Valle. La arquería adosada al templo es obra del siglo XX, en ocasión de los XIX Juegos Olímpicos de México 68. Los claustros se convirtieron en vecindades. Hoy se conserva solo el templo encuadrado entre las calles República de Brasil, República de Perú, Leandro Valle y Belisario Domínguez, así como la capilla del Señor de la Expiación que, debido a su avanzado estado de deterioro, permanece cerrada. Los restos del claustro albergan la ominosa colección del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, en el Centro Cultural del México Contemporáneo.

La muy noble y leal Ciudad de México, reverso, detalle de la cartela | Diez hojas | c 1683-1687 | Óleo sobre lienzo con aplicación de hoja de oro | Fotografía: Agustín Garza

5. Antiguo convento de San Agustín: Antigua Biblioteca Nacional, Isabel la Católica.

Los agustinos fueron la tercera orden en arribar en 1533 a Nueva España. Hasta la donación del Zoquiapan [terreno lodoso] permanecieron alojados con los dominicos. La primera piedra del templo fue colocada en 1541 por el virrey Antonio de Mendoza. Concluido hacia 1587, su retablo mayor fue realizado por Andrés de Concha. En 1576 sufrió un incendio que dio lugar a una planta de estilo diferente. Se incorporó la maravillosa sillería que ahora se conserva en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Con las leyes de Reforma fue abandonado y comenzó su deterioro, hasta que fue rescatado como Biblioteca Nacional, surgida por decreto de presidencial en 1867. Se suprimieron las torres de campanas y se colocaron diversas fachadas, ventanales y esculturas, al tiempo que el atrio fue transformado en jardín. La barda fue sustituida por los pilares y el enrejado actuales.

El claustro desapareció casi en su totalidad mientras que el templo y la capilla del Tercer Orden permanecen bajo el resguardo de la Universidad Nacional Autónoma de México que emprendió una profunda restauración concluida en 2017. Tras los sismos, continúan los trabajos de conservación.

6. Templo de San Francisco | Calle Francisco I. Madero, antes Plateros, frente a la Casa de los Azulejos.

Primera orden en arribar a Nueva España en 1523; a los franciscanos les fue entregado un terreno aledaño al Templo Mayor, sin embargo, a los religiosos les pareció muy lejano de la población indígena, por lo que se les asignó el solar, que se convertiría en el conjunto conventual más grande de América. Hacia 1525 levantaron una construcción sencilla que resultó insuficiente, por lo que en 1590 se edificó un nuevo templo que sufrió un severo hundimiento.

Las construcciones adyacentes surgieron en las primeras décadas del siglo XVII: a la capilla de la Purísima Concepción se sumaron la de Servitas –servidores de la Virgen–, Aránzazu –a un costado del Palacio de Iturbide–, Balvanera, San Antonio, Tercer Orden, San José y del Viacrucis. Todo el conjunto fue reedificado en el siglo XVIII.

Su desaparición inició hacia 1856 por órdenes del presidente Ignacio Comonfort. Una porción del claustro fue ocupada por la Iglesia Metodista de la Santísima Trinidad. La demolición realizada permitió la apertura de las calles de Gante y 16 de septiembre. Una parte del predio se convirtió en vecindad y actualmente es un espacio cultural y familiar: el Atrio de San Francisco de Fundación Carlos Slim.

7. Antiguo convento de San Diego de Alcalá, hoy museo Laboratorio Arte Alameda | Dr. Mora.

La orden arribó a Nueva España en 1580 e iniciaron la construcción de su templo y claustro once años después, mismos que se reedificarían a mediados del siglo XVIII. La orden les prohibía contar con posesiones, por lo que cada año renovaban frente a los patronos su labor religiosa.

El claustro desapareció cuando el último de los condes del Valle de Orizaba escrituró el patronazgo a su primo Andrés Davies. En 1867 se fraccionó la propiedad. Su desaparición dio paso a las calles Doctor Mora, Balderas y Cristóbal Colón. La parte que se conserva albergó de 1964 a 2000 la Pinacoteca Virreinal.

8. Exconvento de la Merced | República de Uruguay.

El primer fraile en América perteneció a la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced, no obstante, el establecimiento de la congregación tuvo lugar hasta fines del siglo XVI. La primera piedra de su templo fue colocada en 1602 y para 1634 fue reconstruido. El claustro fue inaugurado en 1703 y contó con las capillas de los Morenos y la de san José.

Su destrucción inició en la década de 1860: los archivos fueron quemados, la biblioteca saqueada y el templo totalmente destruido. Sobrevivió el claustro como cuartel. En la primera mitad del siglo XX sirvió de

morada al pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl. El seguidor de la causa Carrancista encontró en los deteriorados restos, un sitio donde llevar a cabo su «jubilación política».

Este claustro es de los pocos ejemplos que se conservan del arte mudéjar novohispano. Fue maravillosamente restaurado, pero la Secretaría de Cultura no le ha asignado uso y permanece cerrado.

9. Casa Profesa: Templo de San José del Real la Compañía de Jesús, hoy Oratorio de San Felipe Neri, Isabel la Católica.

Consagrado en 1592, el templo fue reconstruido a inicios del siglo xviii, bajo las órdenes del arquitecto Pedro Arrieta. En 1767, posterior a la expulsión de los jesuitas, el espacio fue entregado a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, lo que le dio el nombre actual.

El claustro desapareció en 1861. Con la demolición del convento de Santa Clara, el espacio sirvió para la ampliación del callejón del Arquillo, que después se convertiría en la avenida 5 de Mayo. A decir del cronista Guillermo Tovar, en los años del Segundo Imperio, las ruinas de Santa Clara –celdas de monjas, muros y partes de la huerta– y el recuerdo de la recién desaparecida Casa Profesa provocaban un respetuoso temor y los habitantes de la ciudad se negaban a transitar las calles. Se había vuelto un muladar.

Por problemas de conservación del inmueble, su afamada pinacoteca virreinal está cerrada al público.

7. Antiguo convento de San Diego de Alcalá, hoy museo Laboratorio Arte Alameda | Dr. Mora.

La orden arribó a Nueva España en 1580 e iniciaron la construcción de su templo y claustro once años después, mismos que se reedificarían a mediados del siglo XVIII. La orden les prohibía contar con posesiones, por lo que cada año renovaban frente a los patronos su labor religiosa.

El claustro desapareció cuando el último de los condes del Valle de Orizaba escrituró el patronazgo a su primo Andrés Davies. En 1867 se fraccionó la propiedad. Su desaparición dio paso a las calles Doctor Mora, Balderas y Cristóbal Colón. La parte que se conserva albergó de 1964 a 2000 la Pinacoteca Virreinal.

8. Exconvento de la Merced | República de Uruguay.

El primer fraile en América perteneció a la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced, no obstante, el establecimiento de la congregación tuvo lugar hasta fines del siglo XVI. La primera piedra de su templo fue colocada en 1602 y para 1634 fue reconstruido. El claustro fue inaugurado en 1703 y contó con las capillas de los Morenos y la de san José.

Su destrucción inició en la década de 1860: los archivos fueron quemados, la biblioteca saqueada y el templo totalmente destruido. Sobrevivió el claustro como cuartel. En la primera mitad del siglo XX sirvió de morada al pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl. El seguidor de la causa Carrancista encontró en los deteriorados restos, un sitio donde llevar a cabo su «jubilación política».

Este claustro es de los pocos ejemplos que se conservan del arte mudéjar novohispano. Fue maravillosamente restaurado, pero la Secretaría de Cultura no le ha asignado uso y permanece cerrado.

9. Casa Profesa: Templo de San José del Real la Compañía de Jesús, hoy Oratorio de San Felipe Neri, Isabel la Católica.

Consagrado en 1592, el templo fue reconstruido a inicios del siglo xviii, bajo las órdenes del arquitecto Pedro Arrieta. En 1767, posterior a la expulsión de los jesuitas, el espacio fue entregado a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, lo que le dio el nombre actual.

El claustro desapareció en 1861. Con la demolición del convento de Santa Clara, el espacio sirvió para la ampliación del callejón del Arquillo, que después se convertiría en la avenida 5 de Mayo. A decir del cronista Guillermo Tovar, en los años del Segundo Imperio, las ruinas de Santa Clara –celdas de monjas, muros y partes de la huerta– y el recuerdo de la recién desaparecida Casa Profesa provocaban un respetuoso temor y los habitantes de la ciudad se negaban a transitar las calles. Se había vuelto un muladar.

Por problemas de conservación del inmueble, su afamada pinacoteca virreinal está cerrada al público.

10. Templo de Nuestra Señora del Carmen | República de Nicaragua.

11. Parroquia de San Juan de Dios, Plaza de la Santa Veracruz | Avenida Hidalgo.

Tras la llegada de la orden de San Juan de Dios en 1604, recibieron la encomienda de atender el Hospital de los desamparados. Les había sido negado el Hospital del Espíritu Santo, en ese entonces bajo la tutela de los hermanos de la Caridad.

Adaptaron la arquitectura del edificio al tipo hospitalario conventual. La fama de los juaninos fue muy buena, por lo que acudían enfermos de todas las clases sociales. El conjunto creció de manera tal, que a fines del siglo XVIII se registró una atención de casi 4 000 enfermos de manera anual.

En el siglo XIX, la Constitución de Cádiz suprimió las órdenes hospitalarias, por lo que el recinto pasó al Ayuntamiento. Durante el Segundo Imperio, ante la

creación del Instituto de Sanidad, aquí exclusivamente se atendía a mujeres públicas, por lo que se convirtió en el Hospital de la Mujer, con especialidad en el tratamiento de enfermedades venéreas.

En la década de 1980 el claustro fue entregado al Fideicomiso Cultural Franz Mayer para el resguardo y exhibición del acervo del gran coleccionista. El templo presta aún servicios religiosos.

12. Hospital del Espíritu Santo. El edificio original desapareció y desde 1895 se ubica ahí el Casino Español | Isabel la Católica.

Por la generosidad de Alonso Rodríguez de Vado y Ana Zaldívar, inició sus operaciones en la primera mitad del siglo XVII, bajo la devoción del Espíritu Santo y Nuestra Señora de los Remedios. La fortuna sirvió, además de atender enfermos, para alimentar menesterosos tanto españoles como indígenas. Hacia 1612, los hermanos de la Caridad eran la única orden hospitalaria existente en México. El templo fue abierto en 1715. El conjunto permaneció bajo los cuidados de los hipólitos hasta la proclamación de la Constitución de Cádiz y la consecuente clausura de las órdenes hospitalarias en 1820. La edificación albergó entonces a la Escuela de Medicina y a una imprenta. Todo desapareció en la segunda mitad del siglo XIX.

13. Parroquia de Porta Coeli | Venustiano Carranza.

14. Templo de san Pablo | Plaza de San Pablo La Merced.

15. San Sebastián: Parroquia de San Sebastián | República de Bolivia.

16. Templo de Santa María la Redonda | Riva Palacio, colonia Guerrero, cerca del Eje Central Lázaro Cárdenas, tramo antes llamado Santa María la Redonda.

17. Colegio de la Santa Cruz, hoy Parroquia de Santiago Apóstol | Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco.

El primer templo se inauguró en 1527, mismo que fue construido con piedras del templo principal, en el mismo sitio donde los tlatelolcas habían resistido el último embate de la Conquista. Fue dedicado a Santiago Matamoros, santo patrono de las huestes de Cortés, quien lo dejó al cuidado de los franciscanos. El célebre Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco fue fundado por el obispo fray Juan de Zumárraga y el virrey Antonio de Mendoza hacia 1543, con el objetivo de formar en el cristianismo a los jóvenes indígenas nobles. El prestigio del colegio lo dieron sus profesores, quienes se habían formado en la Universidad de Salamanca y en la Sorbona de París. Entre los especialistas en retórica, lógica, historia, filosofía y latín: fray Bernardino de Sahagún, fray Juan de Gaona, fray Andrés de Olmos y Juan Badiano –de origen indígena–. El colegio enfrentó el rechazo de españoles, quienes calificaban de «excesiva» la formación de los indígenas. Su decadencia comenzó en la segunda mitad del siglo XVI, al tiempo que el templo fue reedificado por la labor de fray Juan de Torquemada. El colegio se abrió nuevamente en 1667 bajo la advocación de san Buenaventura. Está documentado que en el siglo XIX funcionaba como noviciado franciscano. El templo sobrevivió hasta la llegada de la Reforma juarista, cuando fue saqueado y abandonado.

Sus últimos años tuvo diversas funciones como presidio y cárcel política, así como bodega de ferrocarriles y aduana del pulque. El templo fue reabierto al culto a mediados del siglo XX.

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