Monterrey: la Fábrica-Ciudad y su memoria | Por Cesar A. Salinas Márquez

Obreros de la Fundidora Monterrey | Fototeca del Centro de las Artes NL

Obreros de la Fundidora Monterrey | Fototeca del Centro de las Artes NL

La historia contemporánea de Monterrey está ligada a su industrialización, pues no era solamente una ciudad que tenía empresas, sino una “Fábrica-Ciudad” con muchas aristas. Actualmente, el reto del patrimonio cultural para Nuevo León es conservar los materiales tangibles e intangibles que se produjeron en esta época.

El Archivo General del Estado de Nuevo León, por ejemplo, cuenta con valiosos fondos que revelan la creación de las compañías, su administración y crecimiento, y un conjunto amplio de temas. César Morado y Jesús Ávila han realizado ahí un gran trabajo durante décadas.

De igual forma, los archivos municipales, en especial el de Monterrey, Apodaca, San Nicolás, Escobedo y Santa Catarina, tienen información sobre el origen, desarrollo y actividad de las empresas. Lo preocupante es la vulnerabilidad de los fondos privados. En Nuevo León existen casos ejemplares de empresas que han organizado sus archivos. El archivo de Fundidora Monterrey es uno de los acervos empresariales más completos de Latinoamérica; de la mano de Alberto Casillas, el acervo ha sido bien protegido y constituye una interesante veta para investigar el pasado industrial de México.

Otro ejemplo es la Colección Histórica FEMSA, que reunió los materiales que tenía dispersos para crear un archivo sólido, encabezado casi una década por Roberto Lara Durán. Otras empresas han realizado esfuerzos similares, aunque de bajo perfil y en proyectos con poca continuidad, como Cementos Mexicanos (CEMEX) y Grupo Maseca (GRUMA).

Fundidora Monterrey, casa de vaciados | Fototeca del Centro de las Artes NL

Fundidora Monterrey, casa de vaciados | Fototeca del Centro de las Artes NL

Pero también hay casos en que las compañías disponen que los archivos sean enviados espacios ruinosos en los que son destruidos por la humedad, el calor y la polilla; o simplemente deciden eliminarlos. Los casos los conocemos. Una acerera que ordenó quemar los documentos antiguos en los hornos, la embotelladora que envió al basurero los archivos para desalojar unas bodegas, el banco que trituró su acervo; y esto es solo lo que nos hemos enterado.

En el mismo peligro están algunos acervos particulares, cuyos dueños no cuentan con presupuesto o interés en conservarlos. La Ley General de Archivos, que está por aprobarse este año, intenta asegurar que el Archivo General de la Nación rescate los archivos que estén en “situaciones de riesgo”. La intención es buena, aunque contraproducente para los acervos privados que, una vez constituidos, son propiedad privada que no aspira a ser pública.

La solución más adecuada es que instituciones de este rubro sean las receptoras, como Patrimonio Cultural y Biblioteca Cervantina del ITESM, encabezada por Daniel Sanabria, o la UDEM a través del Centro de Estudios Históricos. Pero no solamente las universidades se han involucrado en estos asuntos, pues han aparecido en Monterrey asociaciones civiles que han adquirido acervos, como la Fundación Dr. Ildefonso Vázquez Santos, coordinada por Reymundo Juárez.

En Monterrey se creó también el Centro Eugenio Garza Sada, que organizó el archivo personal del empresario Eugenio Garza Sada, y en 2014 creó el Centro de Información Empresarial de Nuevo León (CIEN), enfocado en el rescate de materiales históricos relacionados a las empresas regiomontanas y los actores que participaron en ellas.

En los últimos dos años, el CIEN ha adquirido una serie de acervos empresariales y colecciones de empresarios que de otro modo se hubieran perdido o se mantendrían en el anonimato, ofreciendo gratuitamente organizar, catalogar y digitalizar los materiales, devolviendo los originales, obteniendo a cambio una copia digital autorizada para ofrecerla a consulta de los investigadores.

Debemos tomar en cuenta que no solamente se trata de rescatar los archivos documentales, sino el conjunto amplio de materiales tangibles e intangibles. Existe una deuda importante, por ejemplo, con la historia oral que se puede obtener de quienes vivieron el Monterrey industrial, y que poco a poco han ido desapareciendo del escenario de la vida. Ex trabajadores, empresarios, directivos, profesionistas, clientes, sindicalistas, políticos; muchos de ellos están dispuestos a hablar con quien se disponga a escucharlos, y de paso a registrarlos en la historia.

Debemos poner atención también en el patrimonio gráfico y audiovisual: fotografías, pinturas, imágenes, videos y audios que son reflejo de la vida de entonces. Mucho de esto se pierde por pensarse como una cosa exenta de relevancia. En este sentido, la fototeca, cineteca y pinacoteca del Centro de las Artes de Nuevo León deben convertirse en un referente como archivo de investigación, además de sus funciones de resguardo. Aquí es importante señalar la labor de historiadores jóvenes, como Jaime Sánchez, que han comenzado a realizar proyectos en torno a la fototeca, y la buena administración de su coordinador, Domingo Valdivieso.

Instalación de calderas | Archivo Histórico de Fundidora Monterrey.

Instalación de calderas | Archivo Histórico de Fundidora Monterrey.

Otro objetivo en el rescate del patrimonio nuevoleonés es la preservación de la infraestructura industrial. La creación del Parque Fundidora es un ejemplo de restauración y reconversión a un espacio público que tiene afluencia de 6.5 millones de visitantes al año. Otros edificios emblemáticos han permanecido de pie, como la Cervecería Cuauhtémoc, Vidriera Monterrey, Hojalata y Lámina (Hylsa) y la Papelera Monterrey.

Pero también algunos edificios han desaparecido, cediendo a la exigencia de espacios “rentables”, como viviendas y comercios. La fábrica de Ladrillera Monterrey (LAMOSA) se convirtió en Nuevo Sur, un centro comercial con un gran complejo habitacional; sobre la infraestructura industrial de Peñoles se levantó la Torre Administrativa de Nuevo León; y Céntrika, un híbrido de comercios y viviendas al norte de la ciudad, se abrió paso entre hornos de fundición. Lo anterior sin mencionar otras plantas y fábricas que han desaparecido.

Los objetos de la industria, por otro lado, han sido altamente vulnerados. Sabemos que un conjunto terminó en los museos locales, donde son exhibidos, pero también hay que replantearlos como fuentes de investigación.

Existe un reto importante en el rescate y conservación de los materiales históricos de la Fábrica Ciudad de Monterrey, pero también hay esfuerzos importantes. Uno de ellos es la recién creada Asociación Noreste de Archivos (ANA), que reúne archivos públicos y privados del noreste de México, para impulsar y fortalecer los esfuerzos en este rubro. Estar conectados y unir fuerzas asegurará un mejor porvenir para el patrimonio de Nuevo León.

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