El Asesinato del General Álvaro Obregón | Por Fundación Casasola para la Cultura A.C.

El domingo 15 de julio de 1928, el presidente electo, general Álvaro Obregón, después de su arribo a la Ciudad de México, fue objeto de grandes manifestaciones de afectos por parte de sus partidarios y amigos. Por lo que se le hicieron una gran cantidad de invitaciones al divisionario sonorense para que asistiera a fiestas, ceremonias y banquetes que se habían preparado en su honor.

Los presuntos diputados guanajuatenses hicieron con anticipación una invitación al general Álvaro Obregón para que asistiera a un banquete que se le había organizado el 17 de julio en el restaurant La Bombilla que se encontraba al final de la calzada insurgentes en la municipalidad de San Ángel.

Fotografía: Archivo de la Fundación Casasola para la Cultura A.C.

Fotografía: Archivo de la Fundación Casasola para la Cultura A.C.

A la hora convocada se presentó el general Obregón acompañado de los licenciados Aarón Sáenz, Arturo H. Orcí y Federico Medrano. La mesa para el banquete fue colocada en un amplio cenador en donde se veía, al fondo, un arco de madera adornado con flores que decía: “Homenaje de honor de los guanajuatenses al C. Álvaro Obregón”.

En la mesa, el presidente electo tenía a su izquierda a los licenciados Sáenz, Enrique Romero Courtade, al diputado Ricardo Topete y a Enrique Fernández Martínez; a su derecha, Federico Medrano, Arturo H. Orcí, Octavio Mendoza González, al senador Antonio Valdez Ramírez, al presidente de la Suprema Corte Jesús Guzmán Baca y al diputado José Luis Solórzano.

Fotografía: Archivo de la Fundación Casasola para la Cultura A.C.

Fotografía: Archivo de la Fundación Casasola para la Cultura A.C.

Los demás lugares los ocuparon: Juan G. Abascal, Ramón V. Santoyo, Edmundo Domenzáin, Ramón Velarde, Francisco Álvarez hijo, José rodríguez C., Jesús Yánez Maya, Adolfo Vallejo Gómez, David Ayala, Esteban Bueno M., Joaquín Torreblanca, Federico Hernández A., Francisco Briones, Salvador López Moreno, Carlos Valdés, José Aguilar y Maya, Mariano Vértiz, Ernesto Hidalgo, Benjamín Méndez hijo, Adolfo Corral, Jesús Vidales, Basilio Ortega, Rafael Sánchez Lira, José Guadalupe de Anda, Lorenzo Mayoral Pardo, Tomás A. Robinson, Antonio Díaz Soto y Gama, Aurelio Manrique, David Montes de Oca, José E. Ancona, Manuel Magaña, Manuel Irigoyen, Ignacio Otero, Juan Jaimes Benvenuti, Ezequiel Padilla, Rafael López Hinojosa, Filiberto Gómez, Abelardo Montaño, Adrián Gómez y algunas personas más.

Fotografía: Archivo de la Fundación Casasola para la Cultura A.C.

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La comida transcurría en un ambiente de cordialidad, la orquesta típica del maestro Esparza Otero tocaba la popular canción “El Limoncito”, mientras afuera del cenador andaba un individuo que pintaba en un libro. El dibujante, que estaba haciendo la caricatura del divisionario sonorense, tranquilamente se acercó a la cabecera del banquete para mostrarle al general Obregón su obra y, sin que nadie se diera cuenta, sacó su pistola. Se escucharon varias detonaciones a la espalda del presidente electo.

Tan rápido fue el hecho que por momentos se creyó que las detonaciones eran efectos de la batería de la orquesta. Transcurrieron algunos segundos antes de que los asistentes se dieran cuenta de que el general Obregón doblaba la cabeza sobre su costado izquierdo y su cuerpo caía después debajo de la mesa.

Los acontecimientos desarrollados desde estos momentos fueron de gran confusión. Todos los asistentes se abalanzaron sobre el asesino, quien fue terriblemente golpeado y maltratado. Mientras tanto, el cuerpo del general Obregón yacía debajo de la mesa sobre el costado izquierdo y la cara contra el suelo.

Todo México se estremeció al conocer la noticia. Diversos comentarios corrían de boca en boca. El presidente Calles lanzó un manifiesto a la nación. El inspector de Policía, el general Roberto Cruz, fue removido de su cargo y sustituido por el general Antonio Ríos Zertuche.

El asesino, con la cara llena de sangre por los golpes que le dieron, fue conducido con lujo de fuerza a la Inspección de Policía y sujetado a un estrecho interrogatorio.

Mientras tanto, el cadáver del general Álvaro Obregón fue conducido al Palacio Nacional donde se instaló la capilla ardiente y, al día siguiente, fue conducido a su Estado natal, Sonora, donde fue inhumado según su voluntad.

Los obregonistas estaban furiosos; a todo el mundo le echaban la culpa, decían que los laboristas ya no hablaban. Así el 21 de julio renunciaron a sus puestos Luis N. Morones, secretario de Industria y Comercio; Celestino Gasca, director de los Establecimientos Fabriles, y Eduardo Moneda, director de los Talleres Gráficos de la Nación. Ellos declararon que se retiraban de sus cargos para facilitar las averiguaciones. El doctor José María Puig Casauranc pasó a ocupar el puesto de secretario de Industria.

Posteriormente, la Inspección General de Policía con base en sus investigaciones, aprehende a numerosas personas para aclarar la muerte del presidente electo.

Las fotografías del asesinato del general Álvaro Obregón se encuentran conservadas y protegidas de manera cuidadosa en la Fundación Casasola para la Cultura A.C., archivo en el que se custodian fotografías, documentos e imágenes de la historia de México. Material que se encuentra a la disposición de investigadores, estudiantes y público en general para su consulta y difusión. Si tiene alguna pregunta sobre nuestro acervo o si desea solicitar reproducciones de los materiales del archivo, póngase en contacto con nuestro servicio de referencia e investigación en [email protected] o [email protected] o al 55-54-06-09.

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